domingo 13 de noviembre de 2011

el colapso del zen

El colapso del zen es el título de un poema de Leonard Cohen, del Libro del anhelo. Sex drogs and rock and roll versus budismo. ¿Quién da más?

El colapso del zen

Cuando puedo meter toda la cara
ahí
tratando de respirar
mientras ella baja sus ávidos dedos
para abrirse más
y ayudarme a usar toda la boca
contra su voracidad,
su hambre más privada-
¿para qué iba yo a querer iluminarme?
¿Me he perdido algo?
¿Me he olvidado del mosquito de ayer
o del hambriento fantasma de mañana?

Cuando puedo andar por esta colina con un puñal en la espalda
de beber tanto Château Latour
y verter mi corazón en el valle
de las luces de Caguas
y quedarme petrificado cuando el perro guardián
sale babeando tras los matorrales
y se niesga a reconocerme
y ahí estamos, sí, desconcertados
ante quién debe matar al otro primero-
y yo me muevo y él se mueve,
y él se mueve y yo me muevo,
¿para qué iba yo a querer iluminarme?
¿Me he olvidado de algo?
¿Algún mundo que no haya abrazado?
¿Algún hueso que no robara?

Cuando Jesús me ama tanto que la sangre
brota de su corazón
y subo por la escalera metálica
hasta el agujero de su pecho
abierto por un dolor más grande que China
y entro en la habitación interior con una túnica blanca
y ruego e imploro:
"Éste no, Señor. Aquél no, Señor. Te lo suplico, Señor"
y miro fijamente a Sus ojos
mientras a los desamparados les vuelve a caer toda la mierda
y el tierno pezón floreciente de la humanidad
es cogido con unas tenazas
de poder, músculo y dinero-
¿para qué iba yo a buscar la iluminación?
¿Acaso hubo una cucaracha que no reconociera?
¿Algunas sabandijas en el cieno de mi majestad?

Cuando "los hombres son estúpidos y las mujeres están locas"
y todos duermen en San Juan y Caguas
y todos están enamorados menos yo
y todos tienen una religión y un novio
y un gran genio para la soledad-

Cuando puedo babear por todos los universos
y desnudar a una mujer sin tocarla
y hacer recados para mi orina
y ofrecer mi enorme espalda de plata
a la diminuta luna -
Cuando mi corazón está roto como de costumbre
por la evanescente belleza de alguna
y un plan tras otro
se desvanece como un reino sin palabras
y mira, subo resollando
hasta la estación de incomparable aislamiento
del Sahara
y agito el aire hasta hacer un oscuro capullo
de fácil olvido -
¿por qué iba yo a querer temblar en el altar de la iluminación?
¿por qué iba yo a querer sonreír para siempre?