domingo 28 de junio de 2009

últimas lecturas

Me gustó la foto de la portada del libro. El título en español: Fragmentos de vida (Una educación nada sentimental), de Sybille Bedford, Ed. Salamandra. El título en inglés, Jigsaw. La traducción de títulos es así, no la he inventado yooooo.
Nos cuenta la autora su infancia y adolescencia, un tanto alcohólica y con problemas de autoestima, en un desperdicio de vida de una escritora cuyo mayor mérito es haber publicado la biografía de Huxley. Se centra sobre todo en su madre. Un libro tal vez terapéutico para ella, pero prescindible para los demás.
Después fui a la biblioteca, y vi una cosita corta de Georges Simenon, y no me resistí. La casa del canal, Ed. Tusquets, se lee fácil, pero los personajes están un poco desdibujados para mi gusto.
Al devolverlo encontré un libro de George Trackl. "Un libro de poemas en medio de los últimos best sellers", pensé. Bueno, no es para tanto, pero Sebastián en sueños y otros poemas, Ed. Galaxia Gutenberg, en traducción de Jenaro Talens, es un libro de poemas que vale la pena, aunque solo sea por decir que a veces la belleza también se puede no entender porque busca caminos paralelos. Intuyo familiaridad entre sus procesos mentales y los míos.
De repente en lo profundo del bosque, de Amos Oz, Ed. Siruela, es un cuento bien contado, con corrección y fácil de leer. Demasiada moralina para mí, sigo sin pillarle el punto a este hombre.
Para desintoxicarme, he cogido (y estoy con él) Pisando los talones, de Henning Mankell, Ed. Tusquets. Aquí Wallander está cerca de los cincuenta, con problemas de azúcar, y se siente solo. Mankell nunca me decepciona: es refrescante, divertido, y me engancha con su flujo mental.
(Noticias que quiero reseñar: Cristina García Rodero ha entrado en Magnum. Tienen suerte los de Magnum. Garoña se cerrará en 2011. Más vale tarde que nunca. Aunque con este ministro pronuclear -Sebastián-, no nos podemos fiar.)



sábado 27 de junio de 2009

conmigo los últimos treinta años

Cuando yo era niño, en casa teníamos una radio: mi madre la ponía a veces mientras tejía jerseyes y bufandas en su máquina; yo estaba haciendo los deberes, o leyendo un libro: por aquel entonces triunfaban las radionovelas (Simplemente María como epítome del género), la música de Elena Francis y su consultorio sigue grabada en mi memoria.
Yo tenía 16 años cuando descubrí una nueva emisora, con un programa a mediodía cuyo título asustaba a mi madre: No todo el monte es orgasmo. Comenzaba a andar Radio 3. Me enamoré de aquella emisora. Compartí amores un tiempo con Radio 2 (antes de ser Radio Clásica).
Manolo Ferreras, el magnífico Fernando Poblet, incluso Trecet, José Miguel López, Iñaki Peña, Carlos Galilea, Juan de Pablos, Lara López, Diego Manrique, y suma y sigue, suma y sigue. Parecía que los mejores se daban cita aquí, en esta emisora, puedo decir en mi emisora.
Supongo que debo sentirme viejo. Treinta años.
Debo de ser demasiado inconsciente, porque no es así.
La verdad, vivo cada día tan inconsciente de hacerme mayor, que solo en estos momentos en los que me pongo a rememorar me doy cuenta de que me estoy haciendo mayor.
Y Radio 3 me sigue acompañando, claro. Muchos ya no están: echo de menos a Manolo Ferreras, con Paloma y Ana, a Poblet,a Iñaki Peña, a Paco Montes; un poco a Trecet, sí, también a él: pero ahí siguen Jose Miguel López con Discópolis, Carlos Galilea con Los elefantes, Juan de Pablos y su eterno Flor de Pasión. Y los que alcanzo.
Ya te lo dije: quiero una radio con Radio 3.

miércoles 17 de junio de 2009

cada día es un aniversario

La consciencia te permite darte cuenta de lo que haces: pero lo sigues haciendo.
Soy consciente. Pues, y eso ¿me vuelve más responsable? Para conmigo mismo, sí, por supuesto.
Ser más responsable, sin embargo, no hace que deje de desear tu piel sobre la mía: ni siquiera el calor de estos últimos días aleja esa preeminencia del deseo, acaso lo convierte en más febril.
Tu piel sobre la mía es la forma de consciencia más hermosa que me inunda, cada noche, cada mañana. Tu boca que no conoce refugios. Tu cuerpo que es comunión con el mío. Y tú, cantando en mi imaginación, transformada en música. Y tú, tus manos abarcándome. Tu presencia vibrando. Los valles, no solo las cimas, son deseables.
El ritmo se relaja y se alarga como la sombra de la luna llena reflejándose en el charco de una lluvia de verano, tan torrencial como efímera.
La presencia se llena de tu plenitud. De la nuestra.
De mi amor por ti.
Te quiero.


sábado 13 de junio de 2009

teléfonos

He encontrado un nuevo trabajo: de teleoperador.
Me diréis que no es un puesto nada especial.
Pues os equivocáis:
primero hicimos un cursillo de doce días, eliminatorio.
Comenzamos quince. Lo acabamos nueve. Hicimos un examen. Nos cogieron a seis.
Como se me da bien eso de estudiar, fui el primero de la "promoción".
Ahora me levanto a las seis y media de la mañana.
Y llego a casa a las siete y media de la tarde.
Pero tengo un trabajo. Y eso me tranquiliza mucho.

Lo mejor del trabajo: el ambiente entre los compañeros. Aunque ya que la mayoría son mujeres, tal vez debería decir compañeras.

Las últimas lecturas: poco destacable: El viajero del siglo, de A. Neuman, premio Alfaguara 2009: una historia de amor donde se ve demasiado al escritor, para mi gusto. Aun así, agradable. Apta para los calores veraniegos. La pensión Eva, de A. Camilleri. Suave, ligera, refrescante, como una botella de Lambrusco. ¿Que no os gusta el Lambrusco? No pasa nada, no hay prestigio intelectual en juego.

Rabia: ahora que no puedo ir por el nuevo horario, se empeñan en llamarme de la agencia de interpretaciones casi a diario (me acaban de llamar mientras escribía el post -¡¡¡en sábado!!!- para ver si podía ir el lunes, grrrrrrrrrrrrr).
Si me preguntáis cómo llevo el (tremendo tremendo) calor de estos días: Bien, si no salgo de casa, gracias. Pero en cuanto piso la calle estoy empapado.
Eso sí, parece que la tomatera de la terraza lo agradece: ya tiene dos tomatitos verdes y prometedores entre sus ramas.

El vídeo musical de hoy: disculpad la deficiente calidad sonora: la importancia del documento estriba en que el artista es uno de mis nuevos compañeros en el nuevo trabajo: Xabi.

viernes 12 de junio de 2009

despertares

Se escuchan los ecos del valle
desde la montaña:
se abre el espacio salvaje invitante expectante,
el deseo de saltar sobre lo verde,
promesa de futuro, tálamo de vuelos imposibles.

Desde mi observatorio admiro, disfruto, aleteo, bailo.
Me siento privilegiado, ermitaño feliz en mi cueva, buscador de cielos nuevos,
de nuevos ciclos en el devenir, de viejas verdades renovadas.
La vida continúa, se acerca, parece vivir fuera de sí.

Bruscamente todo cambia.
Cambia lo superficial, el color, el olor del aire.
Y cambia también lo profundo. El deseo de viajar que renueva la sangre.
La sangre renovada que viaja por el cuerpo.
Todo cambia.
Cojo el macuto y comienzo el camino.