Cuando yo era niño, en casa teníamos una radio: mi madre la ponía a veces mientras tejía jerseyes y bufandas en su máquina; yo estaba haciendo los deberes, o leyendo un libro: por aquel entonces triunfaban las radionovelas (Simplemente María como epítome del género), la música de Elena Francis y su consultorio sigue grabada en mi memoria.
Yo tenía 16 años cuando descubrí una nueva emisora, con un programa a mediodía cuyo título asustaba a mi madre: No todo el monte es orgasmo. Comenzaba a andar Radio 3. Me enamoré de aquella emisora. Compartí amores un tiempo con Radio 2 (antes de ser Radio Clásica).
Manolo Ferreras, el magnífico Fernando Poblet, incluso Trecet, José Miguel López, Iñaki Peña, Carlos Galilea, Juan de Pablos, Lara López, Diego Manrique, y suma y sigue, suma y sigue. Parecía que los mejores se daban cita aquí, en esta emisora, puedo decir en mi emisora.
Supongo que debo sentirme viejo. Treinta años.
Debo de ser demasiado inconsciente, porque no es así.
La verdad, vivo cada día tan inconsciente de hacerme mayor, que solo en estos momentos en los que me pongo a rememorar me doy cuenta de que me estoy haciendo mayor.
Y Radio 3 me sigue acompañando, claro. Muchos ya no están: echo de menos a Manolo Ferreras, con Paloma y Ana, a Poblet,a Iñaki Peña, a Paco Montes; un poco a Trecet, sí, también a él: pero ahí siguen Jose Miguel López con Discópolis, Carlos Galilea con Los elefantes, Juan de Pablos y su eterno Flor de Pasión. Y los que alcanzo.
Ya te lo dije: quiero una radio con Radio 3.
Amigas.
Hace 1 hora.

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