sábado, 1 de agosto de 2015

estival, poema

Pleno verano, primer día de agosto, viviendo sin saber cómo porque no hace falta saber para vivir, sin una casa como dios manda porque al parecer eso es lo que me manda dios, sintiendo el calor en mi cuerpo desnudo, acompañado de mi hijo y de un gato, de las plantas y del respirar de este barrio de Madrid, me permito, amor, sentirte recorrer mi sangre mis ideas mis pensamientos y al sentirte notar cómo la felicidad viaja contigo, y cómo hasta las células de mi cuerpo se sienten más vivas. Pleno verano, en la radio la música es flamenca y pelícana, voy dando pasos sin destino, ¿olvidé adónde quería ir? viviendo observando cómo, descubriendo lo que este momento quería de mí, este poema estival que me resuena lleno de paz y de la cadencia suave de las tardes , tú estás en tu Sur, y sin embargo me acompañas, será verdad eso de que cuando amas el amado ya vive en el corazón, aun cuando su cuerpo no esté cerca para acariciarlo y besarlo. Pleno verano, y mis entrañas me dicen que ya es hora de ocuparme de mí, y de jugar el juego supremo, mis entrañas y mi sangre y mi cuerpo que no son yo pero son mías quieren ahora, siempre es ahora, su parte de amor y de ternura, y me comprometo conmigo y contigo para que eso así sea. Pleno verano, la guitarra rasgada en el aire, pimientos rojos en el horno, calor tiempo y espacio, amor que me busca, amor que me encuentra, que se encuentra, y que recorre de nuevo el camino sin senda, sin tiempo, hasta mi ser.

viernes, 9 de enero de 2015

todos somos todo

Atentado terrorista contra Charlie Hebdo, semanario de humor francés. Doce muertos. Multitud de mensajes en condolencia. Consciencias golpeadas en movimiento. Todos somos Charlie, leo. Pero también recordad, recuerdo, que todos somos los asesinos. ¿Cómo podemos matarnos a nosotros mismos? De momento es lo que hacemos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

ortografía emocional

Se escriben sin letras
las risas de tu risa
la mirada de tus ojos
el paso de tus pasos
Se cantan sin música
se sueñan sin sueños
se cuentan sin cuentos.
Vibro con tus vibraciones
me abro, te abro, te veo, me veo.
Se escriben sin letras
las risas de tu risa.

jueves, 4 de septiembre de 2014

La última mirada

Estaba en la tienda, mirando unos productos por internet, y preguntándome si traerlos, cuando entró. Era un hombre delgado, de unos cincuenta años de edad, pelo blanco peinado hacia atrás. Llevaba un traje sin corbata, una camisa abierta con una medalla en el pecho. Estaba nervioso.
- ¿Puedo quedarme aquí un rato?
- Pase, está en su casa.
Me miró a los ojos. Vi miedo en esa mirada. Algo en la mía le tranquilizó.
Saqué la kettle del armario, y preparé una tila con melisa.
Puse dos tazas, y nos sentamos a la mesa ambos, ningún cliente entraba, todo el tiempo del mundo fluía. Empezó a hablar.
Yo vine de mi pueblo con 18 años a la ciudad. Quería progresar, ganar dinero, divertirme, la vida del pueblo me parecía pequeña, rutinaria, asesina. Pero la ciudad me quitó pronto las ilusiones. Me quedé sin dinero, sin trabajo, sin casa, sin amigos. La vida quiso que nunca me casara. Y fui rodando de un sitio a otro, de una ciudad a otra, sin pensar jamás en regresar a mi pueblo. Al cabo de unos años conseguí poner un negocio, y funcionó. Y viajé, bebí, jugué, iba a todas partes sin llegar a ningún sitio. Hace unos meses cerré mi negocio, y ahora vivía de las rentas. Hoy estaba paseando por el parque, cuando me vi, quiero decir, vi a un hombre que se me parecía mucho. Me quedé mirándolo, y me sonrió. Se me acercó, y me dijo su nombre, Adolfo Hernández. Me contó que había venido del pueblo a conocer la ciudad, que esa siempre había sido su ilusión, pero que nunca lo hizo, su vida transcurrió en el pueblo, allí se casó, atendió su taller mecánico -era mecánico, como yo- y hasta hoy jamás había salido del pueblo.
Yo siempre llevo un destornillador en la chaqueta, me dijo sosteniéndolo en la mano.
No pude evitarlo. Ese hombre que era yo, que era mi vida si no me hubiera ido del pueblo, era aparentemente mucho más feliz.
No pude evitarlo. Le clavé el destornillador en el cuello. Me miró asombrado, pero sin perder la sonrisa.
Me dijo, Manuel, hermano, te quiero.
Yo me llamo Manuel Hernández, sabe usted.
Y ahora creo que el hombre al que he matado era mi hermano gemelo.
Manuel tenía los ojos llorosos mientras me lo contaba. Yo también. Apuramos las tazas, y le acompañé a la puerta. Allí se entregó a un policía.
Se volvió antes de entrar al coche, y sonriendo, me miró.

martes, 2 de septiembre de 2014

La montaña

Subí a la montaña en verano, y el calor me hizo buscar la sombra, y me quedé sin agua, y volví ahíto de aire y lleno de sol.
Subí en otoño, y la alfombra de hojas caídas me llevaba continuamente a pensar en pasos dados sigilosos, y los ruidos del bosque se hicieron más presentes. Todos los pájaros susurraban.
En invierno el frío no me asustó, pero un chubasco impertinente me hizo buscar refugio y encontré un hueco en las rocas, una pequeña cueva con restos de haber sido usada por algún animal. Y un caldo reconstituyente en el bar del pueblo me hizo agradecer los contrastes.
Volví en primavera, y el barro el agua fría el despertar de la tierra aquí arriba un poco más tardío me llenó de gozo y de asombro continuado.
En cada viaje el camino era el mismo y era otro.
En cada viaje yo era otro y era el mismo.

lunes, 1 de septiembre de 2014

la reina de inglaterra

La fiesta era en una casa con jardín, con piscina, con muro de piedra. La fiesta era para celebrar el éxito siempre relativo de la publicación de un libro de poemas que hablaba de nieve y montañas y días de silencio sobre el blanco. Y todo en la fiesta era verde, sin embargo: el jardín primaveral, el mantel de la mesa, y el vestido que llevabas. La fiesta comenzó para mí y para ti hace unos días, Manuela, te decía. La fiesta era para beber y para comer y para bailar y para acabar en la piscina si el calor nos empujaba. Y te cantaba así, mi Manuela es la reina de Inglaterra, parafraseando a Perro. No conté los invitados, aunque muchos se acercaron a darme la enhorabuena por el libro excusándose porque ellos no leían poesía. No importa, le dije, la poesía que se crea está en el mundo aunque no la leas, date cuenta de que la poesía es más real que el yo que la lee. Y me miraba con extrañeza, ese apunte a la irrealidad de lo material siempre desconcierta, pero cómo evitar hacerlo público cuando lo descubres, cómo no salir por las calles gritando ¡El mundo es irreal, el mundo no existe, estamos presos en una película cuyos actores son pensamientos! También hubo quien me pidió el libro, y hasta quien se quiso aprender un poema El camino desaparece bajo el blanco de la nieve como la vida desaparece bajo la luz del entendimiento. Y ni la nieve ni el entendimiento te pertenecen. Yo llevé mi traje blanco y un sombrero, tú me vestiste para la ocasión, me divierte dejarme atusar por ti, me veo desde tus ojos y aprecio tus miradas. Tú fuiste con un traje negro, y un pequeño colgante verde. Lo celebramos más en el jardín que en el interior, pese a la belleza del salón, dominado por un cuadro o una reproducción de un cuadro de Barceló. Pero el jardín desprendía frescor y fragancia, y sus sombras te gustaban más que las luces potentes del interior. Me reclamaron varias veces, me recriminaron no haber llevado más libros para vender allí, y realmente habría sido una buena oportunidad de encasquetar un libro de poesía a gente que nunca se le ocurriría comprarlo de otro modo. Ese día hubo fiesta, y desde esa alegría nos percibimos.

domingo, 24 de agosto de 2014

agosto, domingo,

Hace mucho tiempo que no entraba a mi blog. Entro ahora. ¿Cuándo iba a entrar si no era ahora?
Me dejo llevar por los ánimos de Espe: No dejes de escribir, me alienta. La escritura corre por las líneas de internet como los conejos por el campo, y como ellos a veces deja un rastro de cagaditas que ojos expertos pueden seguir. Y que nos llevan a la madriguera del señor conejo. Estamos cocinando, y en el techo se ve una marca negra. Le digo a Manuela: Es un ninja que se ha pegado al techo y va a saltar sobre la comida. Su risa fresca refresca la tarde. Estamos en agosto, es domingo por la tarde, y lo que estamos viviendo esta tarde queda como ejemplo de lo que se puede vivir cualquier tarde de agosto que sea domingo cuando no estás de vacaciones y te dedicas a preparar la comida para la semana porque no hay luego mucho tiempo a lo largo del día para cocinar, el sudor me cae por la espalda, Roki está tumbado intentando refrescarse, y como sintonía musical hemos elegido ahora a los Rolling. El entendimiento se abre. Desde fuera. Yo no decido lo que soy capaz de entender a cada momento. Ahora lo entiendo. Y en esta tarde de domingo de agosto, estoy estás estamos creando viviendo disfrutando de una relación, de nuestra relación, de vivir sin preocuparnos de vivir entender o profundizar. Hace calor pero nuestros cuerpos se buscan y se abrazan. La cocina del amor.