El verano es época de lecturas: en mi caso, gracias al transporte público, da mucho de sí:
- El cielo raso, Álvaro Pombo, Ed. Anagrama. Con su habitual lenguaje chicle barroco, que parece hablan igual los aldeanos que los templarios que las monjas, teje sin embargo una amena novela, una historia de amor cuyo registro me gusta y no repite.
"No basta el recuerdo cuando aún queda tiempo".
- Sobre la belleza, Zadie Smith, Ed. Salamandra. Leí Dientes blancos hace unos años, y me dejó un buen sabor de boca. Esta novela es del estilo: agradable, fácil y de negros. A veces me sorprende imaginarlos, negros de pronto, como si fueran personajes más cercanos que de pronto adquieren esa categoría ajena a mí. Una novela cómoda.
- Mal de escuela, Daniel Pennac. Ed. Mondadori. Un libro (¿ensayo?) sobre la escuela desde el punto de vista del zoquete, el negado, el inútil. Fácil, divertido e interesante. Se lee en una tarde. Una gozosa inmersión en el mundo de la enseñanza.
- Todos los caballos del rey, Michèle Bernstein, Ed. Anagrama. Novela corta o cuento largo. Narra en primera persona un verano de una pareja abierta (reconocemos a la autora y a su marido, Guy Debord), y de los cadáveres que van dejando. Sexo implícito, borracheras explícitas, un recuento de días que se siguen asomados al vacío.
- Todo es poesía menos la poesía, Ed. Eneida. Ya había leído esta antología de poetas que viven en Madrid, nacidos en los setenta. Me la he llevado para releerla en el puesto de trabajo, aprenderme algún poema, recuperar su pulso.
- La felicidad de los ogros, Daniel Pennac, Ed. Mondadori. Una novela cómica disfrazada de novela negra, una novela costumbrista disfrazada de novela cómica, Benjamin Malauséne y su loca familia. Me ha recordado al arrancacorazones de Boris Vian. El chivo expiatorio, el cristo que paga los pecados del mundo. La primera de la saga. Voy a por la siguiente.
- El hada carabina, Daniel Pennac, Ed. Mondadori. De ogros a hadas, la misma línea que la anterior. Deliciosa y divertida.
- Como una novela, Daniel Pennac, Ed. Anagrama. Un ensayo sobre la lectura, sobre su obligatoriedad, sobre el placer de leer, sobre el placer de vivir. Sobre amar lo que se hace. Un decálogo que no quiero olvidar:
1. El derecho a leer
2. El derecho a saltarse las páginas
3. El derecho a no terminar un libro
4. El derecho a releer
5. El derecho a leer cualquier cosa
6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual)
7. El derecho a leer en cualquier lugar
8. El derecho a hojear
9. El derecho a leer en voz alta
10. El derecho a callarnos
- La pequeña vendedora de prosa, Daniel Pennac, Ed. Mondadori. Tercera entrega de la familia Malauséne. Enganchado estoy:
La identidad...
Ella era de esa generación... El credo de la Identidad, el sacrosanto deber de la lucidez. ¡Sobre todo no engañarse en absoluto! Engañarse era un pecado capital.(Julie, pg. 171)
- Música blanca, Cristina Cerezales Laforet, Ed. Destino. Recomendación de mi señora esposa. La madre (Carmen Laforet) que habita en la hija, y las vivencias internas de la hija. Las cartas y fragmentos de libros son solo apoyo para este viaje interior, con un final emotivo. Quiero recordar este fragmento, un espejo de literatura transportada.
Encuentro anotada con su letra, en un papel fechado en 1972, una cita de san Juan de la Cruz:
"Si un hombre quiere estar seguro de la ruta que sigue tiene que cerrar los ojos y marchar en la oscuridad."
- Lo real, Belén Gopegui, Ed. Anagrama. Aún lo tengo entre manos. Me está gustando. Buenos personajes, más narrativos que descriptivos o introspectivos. Con trucos de escritura que a veces desafinan. Pero se lee a gusto. Recomendación de la Cónica.
La ceni..
Hace 3 horas
